martes, 27 de agosto de 2013

MALOS PRONÓSTICOS Y EXPECTATIVAS DE LA SECRETARÍA DE HACIENDA. POR ARTURO HUERTA GONZÁLEZ.

Las esperanzas fallidas del secretario de Hacienda

 El secretario de Hacienda del país ha señalado en una entrevista en Santiago de Chile, durante una reunión de ministros de Finanzas de la Alianza del Pacífico, integrada por México, Chile, Colombia y Perú, que la economía mexicana se recuperará y crecerá en torno 4 por ciento el próximo año. Lo justifica bajo el supuesto mayor dinamismo que se alcanzará en Estados Unidos (EU), que es nuestro principal socio comercial. Ello evidencia que no hay política económica en nuestro país que nos lleve al crecimiento por sí mismos, sino que dependemos de lo que acontezca en aquel país para saber como le irá al nuestro. La esperanza de que habrá dinamismo en EU no está sustentada, pues sigue la alta tasa de desempleo, la restricción crediticia, la caída de venta de las casas nuevas, así como los recortes al gasto público en la perspectiva de reducir el déficit fiscal, tal como lo acordó el Congreso de tal país. A ello se suma el hecho que la Reserva Federal (Fed) ha anunciado que terminará con la inyección de liquidez a los mercados financieros en septiembre o a fin de año, lo que presiona sobre la tasa de interés de largo plazo, que impactará a la de corto plazo, lo que evitará que el dinamismo deseado por el secretario de Hacienda se cumpla, tanto en EU, como en México.
Tal funcionario confía que se recuperará la dinámica económica del país, tanto por la expansión del gasto público, como por el mayor dinamismo de EU. Ante el subejercicio del gasto público que se dio en el primer semestre, el gobierno en este segundo semestre lo gastará, pero dentro del equilibrio fiscal aprobado por el Congreso, por lo que no representará un gasto adicional (en relación a los ingresos públicos) capaz de contrarrestar la caída de las exportaciones, como de las remesas, y el consumo e inversión del sector privado que se ha dado como consecuencia de su alto endeudamiento, como de la caída de sus ingresos, y porque no se avizoran expectativas de crecimiento. El gobierno debería de trabajar con gasto público deficitario para que la política fiscal actúe en forma contracíclica, lo que no pasa por la mente de los tomadores de decisiones en este país.
Para el secretario de Hacienda la posibilidad de un pronto fin de las medidas de estímulo de la Fed, “es buena noticia para México”, ya que “si el estímulo se retira es porque la economía de Estados Unidos está creciendo con mayor vigor”. El problema es que ello no es así. Si la Fed ha planteado eso, no es tanto porque se esté recuperando la economía estadounidense y ésta se pueda sostener por si misma, sin el apoyo de dicha política monetaria y la fiscal, sino que las autoridades monetarias de dicho país han cedido a las presiones conservadoras de aquellos monetaristas que han venido señalando que dicha inyección de liquidez generará presiones inflacionarias, como en las burbujas especulativas. La economía de dicho país no tiene condiciones endógenas de mantener su crecimiento por si misma, dados los altos niveles de endeudamiento que enfrentan empresas e individuos, como por el déficit de comercio exterior que tienen. Requiere de la flexibilidad de las políticas monetarias y fiscales (baja tasa de interés y gasto público deficitario respectivamente) para mantener su dinámica, por lo que al dejar de operar esto, no se dará el crecimiento esperado.
En tal entrevista el secretario de Hacienda dijo estar convencido de que la inflación seguirá cerca de la meta del Banco de México de 3 por ciento, lo que refleja que la prioridad de la política monetaria, como hacendaria es la baja inflación, y no la del crecimiento económico, ni la generación de empleo.
Asimismo, anticipó que la reforma hacendaria revisará todos los impuestos, y que ésta “podría agregar 50 mil millones de dólares anuales al fisco”. Al respecto cabe decir que en el contexto de bajo crecimiento que se está manifestando en la economía nacional, y que seguirá, pues no hay motor de crecimiento alguno que lo revierta (ni lo harán las reformas estructurales que se aprueben), llevará a que se reduzcan los ingresos de empresas e individuos, lo que impactará a su vez sobre la recaudación tributaria. Ésta es función del ingreso nacional, por lo que si éste no crece no pueden crecer los ingresos tributarios, aunque aumenten su tasa, por lo que no hay viabilidad de que se logre incrementar la recaudación en los 50 mil m­illones de dólares anunciados. El incremento del IVA y su generalización a alimentos y medicinas, contraerá más el poder adquisitivo de la mayoría de la población, y con ello la demanda, y la actividad económica, por lo que se restringirá la recaudación tributaria a pesar del alza impositiva. Anticipó que el esquema tributario será progresivo, de que el que gane más, pague más. El problema es que ello no acontece, dados los subterfugios existentes que lleva a las grandes empresas a eludir y evadir el pago de impuestos. Los ricos son los que proporcionalmente pagan menos impuestos. Se señaló también que se buscará incorporar a millones de mexicanos a la economía formal. Ello no se logra por decreto, sino al contrario, con la desaceleración de la actividad económica, habrá más quiebra de empresas y más despidos y desempleo, aumentando ello la economía informal, ya que son expulsados de la economía formal. No tienen condiciones de permanecer en ella, por lo que el intento de gravar a tal sector es agravar más los problemas financieros y de sobrevivencia que enfrentan. Si el gobierno quiere reducir la economía informal, y si quiere recaudar más, tiene que gastar más para reactivar la economía y así aumentar los ingresos de empresas e individuos para que tengan capacidad de pago de impuestos.